Antes de dibujar: soltura, actitud y lápiz en mano
Soltura, actitud y lápiz en mano
Para empezar a dibujar, no basta con tener un lápiz y una hoja. Es fundamental desarrollar soltura, una especie de diálogo fluido entre la mano, el ojo y la mente. Antes de buscar resultados perfectos, necesitamos aflojar tensiones y conectar con el acto de dibujar desde lo esencial.
El
primer ejercicio de dibujo no es sobre líneas ni formas. Es sobre actitud.
¿Cómo te sientas frente al papel? ¿Cómo sostienes el lápiz? ¿Tienes miedo de
“equivocarte”? ¿Estás tratando de controlar todo desde la mente o dejas que la
mano explore?
Sujetar el lápiz
Hay distintas formas de sujetar el lápiz, y no hay una única “correcta”. Pero sí es clave aprender a variar el agarre según el trazo que queremos.
· Para trazos firmes y controlados, usamos el agarre cercano a la punta (como si escribiéramos).
· Para trazos sueltos, amplios o gestuales, conviene tomar el lápiz más atrás, liberando la muñeca y el brazo.
La soltura nace cuando el cuerpo entra en juego, no solo los dedos.
Afilar el lápiz
El lápiz es una extensión de la
mano. Afilarlo bien, ya sea con cuchilla o sacapuntas, permite controlar el
tipo de trazo: fino, suave, en punta, o con el lateral para sombreados más
amplios.
Los lápices deben estar preparados
como herramientas de precisión y expresión, no solo como útiles
escolares.
La actitud frente al papel
El papel no es un enemigo. No lo
enfrentes con miedo al error.
Cada trazo es una exploración. Dibuja sin pensar en la perfección: piensa en el proceso, no en el resultado.
Haz líneas sueltas, repetidas, superpuestas. Libérate de la idea de que el
dibujo “debe quedar bien”.
Como suelo decir a mis
estudiantes: “A dibujar se aprende dibujando, pero también se aprende
soltándose”.
El lápiz no solo dibuja lo que ves, también revela cómo te sientes frente a la
hoja en blanco.


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